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CASABASE, viajar por el mundo y comérselo

Publicado por Brunchear en 22 marzo, 2017
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Hay cosas que sólo se aprenden viviendo, que sólo se consiguen yendo a por ellas. Os vamos a hablar de un local donde esta actitud es uno de los mandamientos. En Casabase (calle del Doctor Castelo 8, Madrid) sólo hay sitio para lo auténtico, lo artesanal. Esta filosofía, combinada con la obsesión por alcanzar combinaciones perfectas de sabores, hacen de este local una experiencia única y muy recomendable.

Hay lugares alrededor de los cuales da la sensación de que uno sólo puede encontrar cosas bonitas. Si bien es cierto que Madrid dispone de muchos de esos enclaves, también lo es que El Retiro es sin duda uno de ellos. Junto a uno de sus laterales, el de la avenida de Menéndez Pelayo, se encuentra la fachada azulada de Casabase, un coqueto (aunque recientemente ampliado con una segunda altura) local que comienza a conquistar ya desde su escaparate, con su pequeña playa en miniatura en la que no faltan ni bañistas ni caracolas.

La historia de Casabase es sobre todo una historia de amor. La de Angelica y Francesco, encantadora pareja que llegó hace unos años desde su Italia natal para más tarde, a finales de 2015, dar un giro radical en sus caminos. Maestra y diseñador, estos dos aventureros vieron en Madrid el lugar donde podían endulzar sus vidas… y de paso las nuestras.

Pero este local también es consecuencia de otro tipo de amor, el que ambos comparten por la comida artesanal, casera y, por supuesto, sana. Como ellos mismos afirman, sienten pasión por el trabajo hecho a mano y por todo aprendizaje que proceda de la experiencia. Esto es sin duda lo que ha marcado la forma de entender la gastronomía que inunda cada rincón de su establecimiento, decorado al detalle con un mimo que enamora.

Cuando nos sentamos a mirar la carta de Casabase, tardamos muy poco tiempo en darnos cuenta de que aquí lo que manda son los bocadillos. Las numerosísimas variedades que encontramos aquí nos hacen dudar, y mucho, sobre cuál probar primero. Francesco nos habla del cuidado con el que han elaborado cada receta, modificando sus ingredientes hasta alcanzar justo el sabor deseado para cada uno de ellos.

Así, agrupados en “clásicos” encontramos hasta nueve tipos diferentes de bocadillos de composición simple pero cuyos ingredientes proceden de la mejor producción posible, como ocurre con los casos del jamón de Parma, el aceite de limón o de trufa, el queso curado de cabra con leche cruda… Una forma deliciosa de elevar lo clásico a la máxima potencia del disfrute.

En otra clasificación, la de “especiales”, encontramos una serie de variedades marca de la casa, que han sido alcanzadas probando y añadiendo ingrediente por ingrediente y que suponen el gran atractivo de Casabase. Así, podemos elegir entre casi una decena de suculentas opciones como el Mediterráneo (mozzarella, tomate confitado, alcaparras, aceite y orégano), el Pachamama (calabacines, paté de aceituna, pipas y cáscara de limón) o el Guay (jamón de parma, queso blando de vaca y vinagre balsámico de Módena).

Pero si lo que os apetece es una buena ensalada, un melón con jamón, una tosta, un aperitivo 100% italiano… también es posible encontrarlo en este incomparable local, donde cada cosa parece que ha sido estudiada al detalle para servirla en su mejor versión posible. Además, y para estómagos sensibles, hay que decir que muchos de los productos de la carta están señalizados con indicaciones que marcan si el plato es picante o picante suave, así como si son o no aptos para vegetarianos y veganos.

Y sí, en Casabase también existe la posibilidad de disfrutar de nuestra opción favorita: el brunch. Angelica y Francesco preparan uno completísimo (12,50 €) en el que no falta una bebida caliente o fría, el que más nos guste de sus famosos bocadillos, unas tostas con mermelada casera y una pieza de bollería o repostería. Nosotros decidimos probar los bocadillos Pan-Ky (con salchichón, ricotta salada, tomate confitado y aceite de limón) y Genial (jamón cocido, queso curado de cabra con leche cruda, tomate fresco, orégano y aceite de limón) y, como podréis comprender, no sabríamos deciros cuál es mejor de los dos. Mientras damos buena cuenta de su croissant, la pareja nos explica que todos sus elementos de repostería están hechos de forma artesanal, cosa que obviamente habíamos notado ya en el paladar.

Pero si hay un placer mayor que probar sus especialidades es el de sentarse a charlar un rato con ellos. Resulta conmovedor escucharles hablar de lo importante que es para ellos viajar, conocer mundo. Así es como nos explican su obsesión por explorar cada territorio y su inagotable afán por extraer todo lo que te ofrece al descubrirlo, y llevarlo consigo en su mochila.

“Viajando se descubren nuevos sabores”, nos dice Francesco antes de despedirnos de él. Y la verdad es que somos unos afortunados: gracias a ellos, lo hemos conseguido sin salir de la ciudad.

Mas información en la ficha de Casabase

Escrito por Diego García Ballesteros


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